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22 dic. 2015

Mi visión sobre la lengua

No voy a andarme con rodeos: veréis, yo no considero que la lengua que hablo y escribo me defina en absoluto. La verdad es que me resulta hasta absurdo el concepto de identidad asociado al idioma, como el asociado a la raza.

Para mí, el objetivo de la lengua, aquél por el que nació, es el de comunicar y comunicarse. Y por extensión, documentar para que la gente en el futuro sepa lo que ha pasado. Desde ese enfoque, la lengua como hecho diferencial, la lengua como barrera o la lengua como una imposición me resulta hasta obsceno.

Soy un lector voraz, me encanta mi lengua y me ofende el mal uso de la misma, lamentablemente frecuente en la red. Sin embargo, abrazaría una lengua común y universal (eso sí, a ser posible mejor "parida" que el esperanto, por favor). Me encanta aprender idiomas y me gustaría tener tiempo para saber aún más.

Evidentemente deben existir lenguas oficiales, que yo entiendo como aquellas que nos permiten comunicarnos con las instituciones, organismos y servicios públicos. También deben existir entidades que definan las reglas de uso de esas lenguas, porque sin ellas es imposible la comunicación. Ahora bien, no considero que los gobiernos deban fomentar o proteger el uso de ninguna lengua sobre las demás. Deberían, eso sí, garantizar la formación y el uso correcto de cualquiera de las lenguas oficiales, sin distinciones, así como el acceso a cualquiera de los servicios en esas lenguas, y dejar que sea la sociedad la que decida de qué manera se logra una comunicación lo más universal posible. Si una lengua ha de dejar paso a otra, se llama evolución, no es una tragedia. Y en ningún caso deberían los gobiernos o instituciones inmiscuirse en la lengua que cada uno decidimos usar en nuestras comunicaciones personales, e incluso comerciales, ya que si en mi tienda decido vender exclusivamente en Yiddish (y por tanto rotular así) nadie tiene por qué inmiscuirse en ello. Eso sí, licencias, impuestos, etc, los presentaré en el idioma oficial de las instituciones.

Por todo lo anterior, resulta evidente que no entiendo los nacionalismos, que entienden la lengua de una manera totalmente opuesta a la que acabo de comentar. Una visión excluyente y que hace a una determinada lengua merecedora de privilegios similares a los de estados en los que ciertas élites se consideraban superiores a otras. Mientras yo quiero que los demás puedan estudiar en el idioma que ellos decida, veo como los nacionalistas se esfuerzan para impedir lo mismo con aquellos que no quieren estudiar en el idioma que ellos defienden.

La lengua es un medio, no un fin. A una individuo lo definen su carácter, sus valores, sus creencias y hasta su educación, pero no su color de pelo, su tono de voz o su idioma. Bueno, vale, definen su origen pero no quién es.
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